La Policía es una herramienta de los gobiernos, ya sean del Estado, de la Comunidad Autónoma o del Ayuntamiento. Están para ejercer la coerción que obligue a los ciudadanos a cumplir las normas, y sin embargo, hay mucho iluminado que al alcanzar un puesto de gobierno se cree por encima de las leyes y favorece su incumplimiento.

Yo no concibo desobedecer a un policía o un guardia civil, y menos agredirle, como no concibo que pudiera plantearme entrar ilegalmente y por la fuerza en un país soberano. Con toda seguridad si un ciudadano español agrede a un agente de la autoridad será juzgado por delito de atentado y si yo pretendo eludir los controles fronterizos de otro país, me deportarán al instante, pero en España no… Y no comprendemos que permitir a una persona que se salte la Ley es privar a los demás de su derecho a que esa Ley se respete… “Aquello de que mi derecho acaba donde empieza el tuyo”.

Las leyes son el acuerdo asumido por todos los ciudadanos, de unas normas de comportamiento. Así, yo renuncio a hacer lo que me venga en gana a cambio de que tú hagas lo mismo y como ninguno de los dos traspasamos los límites acordados, ambos estamos seguros dentro de nuestros propios límites legales; y eso extendido como una red tejida con los derechos y obligaciones de todos los ciudadanos, de forma que como yo no traspaso mis límites, que son los de todos los demás, y todos los demás, hacen lo mismo, todos estamos seguros.

Esas leyes que hacen segura nuestra convivencia, establecen formas legales de entrar en el Territorio Nacional, y no es cierto que los seres humanos  tengan derecho a buscarse la vida y hacer lo que puedan por sobrevivir… A lo que tienen derecho es a intentarlo, pero el derecho al intento no legitima la acción. Un preso tiene derecho a intentar huir, pero si lo consigue, el hecho de haberlo conseguido no legitima la huida y se le buscará y detendrá nuevamente, y la sociedad lo entiende y no alienta a los presos a que se fuguen o intenten la fuga.

Cuando un inmigrante entra irregularmente en España, no se ha ganado el derecho a permanecer aquí, como un preso fugado no se ha ganado el derecho a permanecer libre. Esa situación y todas las que derivan de esa inmunidad que asociaciones bienintencionadas pretenden otorgarle desencadenan uno tras otro una serie de perjuicios a unos derechos que son un stop a los derechos de los demás pero que acaban no siéndolo por la permisividad para con esos inmigrantes, pero parte de la sociedad, ve legítimo y alienta el que se salten las leyes y entren en España de forma ilegal y cuando consiguen entrar, parece que se hubieran ganado el derecho a saltarse mi derecho al respeto a la Ley.

Este argumento no es fruto de la insensibilidad, sino de la reflexión, y trata de poner sobre la mesa, la parte razonada del rechazo al buenismo de quienes tienen la mano larga a la hora de dar a otros lo que no es suyo… Y no me refiero a nuestro dinero, sino a nuestra forma de vida, nuestra idiosincrasia, nuestra cultura y nuestra Paz Social, pero, sobre todo… Nuestros derechos; en especial, el derecho a que los demás no los traspasen.

No es justo que en el trato entre inmigrantes irregulares y ciudadanos de a pie, siempre sea el de aquí, quien tenga que ceder… Ceder derechos, ceder dinero y ceder costumbres culturales. El esfuerzo de integración ha de partir de ellos, no de nosotros y la integración debe empezar por el respeto de las normas… ¡Nuestra norma es la Ley y la Policía es su garante!