REPÚBLICA, MONARQUÍA Y NACIONALISMO: Navegando a la deriva por Internet me he tropezado con un  artículo de Vicenç Navarro, para más información de quien no tenga referencias suyas, médico, sociólogo y politólogo, experto en economía política y políticas públicas, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona, actualmente Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Pompeu Fabra, profesor en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Lérida en el ámbito de Economía y Empresa.

Yo respeto enormemente el bagaje cultural inmensurable de este hombre al que me atrevo a considerar, cercano a la sabiduría,pero en su artículo, el Sr. Navarro, entre otras cosas con mayor sentido, colaba la que aquí expongo y con la que difiero radicalmente por falta de rigor  y seriedad objetiva y por estar basada en una concepción sentimental y terjeversada. Dice así el Sr. Navarro:

Los establishments financieros y económicos del país, a través del establishment mediático (los grandes medios de información y persuasión) que influencian, están intentado crear un clima político en el que se vea como inevitable la continuación en el gobierno de Rajoy y el partido que lidera (PP), con la ayuda de Ciudadanos, con el cual comparte tanto las líneas generales de la política económica (que Rajoy ha llevado a cabo durante su mandato), como la visión uninacional de España (heredada de la visión uninacional, existente durante la dictadura que rigió este país durante cuarenta años), y la cultura franquista profundamente conservadora (continuadora de la existente en aquel régimen político). Ambas (la visión uninacional y la cultura franquista), persisten y ninguno de estos partidos de derechas (ni el PP, heredero de las derechas que dominaron el aparato del estado dictatorial y de la Transición que le siguió, ni Ciudadanos, surgido en parte de las entrañas del PP) se plantea cambiar. Los dos partidos han liderado la resistencia frente a la recuperación de la memoria histórica y la promoción de los valores republicanos, mostrando, a la vez, una gran hostilidad a la visión plurinacional del Estado español… Tales dos partidos comparten, pues, tres elementos claves que garantizarían un continuismo… …de las políticas nacionales (en contra, y con gran hostilidad, del establecimiento de un estado plurinacional), y de las políticas antidemocráticasoponiéndose a la recuperación de la cultura democrática proveniente de la República… …En política nacional, se podría haber iniciado el establecimiento de un estado plurinacional; y, en política democrática, se podría haber facilitado la desaparición de la cultura franquista y, en su lugar, iniciar la promoción de los valores democráticos republicanos que han existido y persistieron entre las fuerzas democráticas que combatieron la dictadura y que podrían haber sido la base de una alianza que habría posibilitado la formación de un gobierno progresista. (La alianza de todas las fuerzas de izquierda con los nacionalistas catalanes y vascos (todas ellas fuerzas políticas que lucharon contra la dictadura para establecer un orden democrático). (sic).

Bien, hasta aquí, resumido pero textual, lo manifestado por el Sr. Navarro, con el que me encantaría discutir algunas cosas que ahora voy a exponer.

Pero antes de empezar y por poner en contexto lo que defiendo, he de declarar que yo, como el Sr. Navarro, me siento profundamente republicano, pero el problema, como decía Aristóteles, surge cuando tenemos que definir que es una república y ser republicano.

Por lo que dice el Sr. Navarro y por cómo lo dice, para él, ser republicano es ser antifranquista, antimonárquico y ser nacionalista (no digo que de las palabras suyas se desprenda que sea independentista).

Para mí, en cambio, ser republicano es otra cosa muy distinta. En primer lugar yo diferencio entre ser republicano en España y ser Republicano en sentido Universal.

El republicanismo español, como se trasluce de lo que expresa Navarro, tiene su origen en esa división trágica que trata de comprender por qué fracasamos en alcanzar la Modernidad a primeros del S. XX, y en último extremo, el porqué de la Guerra Civil, gestada por la contraposición de tres conceptos recurrentes:

 1. La oposición derecha / izquierda, o «cuestión social» del siglo XIX: con el movimiento obrero en respuesta a la industrialización, el atraso rural frente al «señoritismo» y el «caciquismo» ambos igualmente antisociales, y la debilidad de las clases medias ilustradas y del asentamiento de las profesiones liberales.

 2. La oposición catolicismo / anticlericalismo, que surge con la laicización de las capas populares e intelectuales a mitad del siglo XIX, y que se acentuó a principios del XX, sobre todo durante la Segunda República, especialmente en lo relativo a la enseñanza. Incluso la concesión del sufragio femenino en 1932 tuvo detractores que decían que las mujeres votarían orientadas por sus confesores.

 3. Y la oposición centralismo / nacionalismos periféricos, identificados con la defensa de lenguas distintas al castellano pero socialmente con diferentes orígenes, como el resentimiento contra los inmigrantes atraídos por el crecimiento industrial, de los pequeños propietarios rurales católicos y carlistas en el País Vasco o la burguesía progresista industrial catalana de las ciudades, organizada durante el siglo XIX en la defensa de una política económica proteccionista opuesta al librecambismo de los exportadores cerealistas castellano-andaluces.

 Pese a que cada movimiento, cada grupo, cada facción, llegaba a ser muy distinta de las demás, la tragedia española acababa pudiendo ubicar a cualquiera de ellas en una de las dos Españas en tan fatal dicotomía que José Zorrilla acabó escribiendo aquello de que: Aquí yace media España, murió de la otra media

 Nacionalistas vascos católicos (incluyendo a sacerdotes) intervinieron en la Guerra Civil en el bando republicano. De la derecha catalana de La Lliga Regionalista de Francesc Cambó partieron los apoyos iniciales a Miguel Primo de Rivera y una significativa parte de los de la sublevación militar de Franco, teniendo muy poco que ver con la Esquerra Republicana de Francesc Macià y Lluís Companys. Y las izquierdas eran notablemente centralistas mientras que los republicanos y la propia masonería, tenían un componente social nada obrero, más cercano a las clases altas o medias, que perseguía un «estado integral» de autonomías regionales, por aquello que se dio en llamar «collevancía»; expresión que surgió en el debate del Estatuto de Autonomía en las Cortes de 1932, llegando a afirmar Gasset que: "El problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar... un problema perpetuo... un caso corriente de lo que se llama nacionalismo particularista... las naciones aquejadas por este mal son en Europa hoy aproximadamente todas, todas menos Francia [por]... su extraño centralismo". (sic).

 El resultado secular de este enfrentamiento entre las Dos Españas ha sido el uso abusivo por parte de Una, de los excesos verbales  de la Otra, de forma que la confrontación y el abismo entre ambas se ha ensanchado, haciendo más difícil la costura que pueda unirlas.

 Identificar lo español con lo católico, está en el origen como descalificativo extensamente aplicado por los nacionalismos separatistas  en un proceso que precisa de enemigo interior; mientras el autodenominado bando nacional se ve a sí mismo como salvador de España y a los republicanos (a la española), como los enemigos de ésta 

Pero mi republicanismo no es así, no es ese y no es tan disminuido. Yo no tengo tantas cátedras como Vicenç Navarro y con toda seguridad, mis estudios no son comparables con los suyos (Ni se le acercan). Pero no soy un inculto. Antes al contrario, creo que soy bastante instruido porque a lo largo de mi vida (Ya no soy un crio), mi voracidad por la lectura, mi eclecticismo y mi rechazo a los dogmas, provengan del espectro social, económico, cultural, religioso o político del que provengan, me han otorgado una libertad de elección que tal vez el Sr. Navarro no ha logrado superar. ¡Vamos, que como decía Gasset, él es él y su circunstancia!

Y esa circunstancia le ha situado en un entorno social, académico, cultural…, que quiera o no; que perciba o no…, ha condicionado su visión de la vida, de forma que en esa concepción de la república, se han de dar el plurinacionalismo, el antifranquismo y el rechazo a la monarquía.

Pero mi "circunstancia" es otra; mi republicanismo nace de la República  de Platón (En realidad se titulaba Politeia), y continúa con la República Romana. Comenzó con Catón el Censor y su "Historia de Italia", con Tito Livio y su "Libro de la Historia de Roma", con Suetonio y su "Vida de los doce césares", con Tácito, sus "Historiae" y  sus "Anales” e incluso con el propio Julio Cesar y sus "Comentarios de la Guerra de las Galias", y más modernamente con otros autores como Asimov y su "Historia de Roma", Tom Holland, con "Rubicón",  con “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar, o nuestro Santiago Posteguillo y sus novelas históricas, de las que tanto se puede aprender de cómo se "cocía" la política en la Roma republicana.

Mi republicanismo proviene de la intensidad que la interrelación de fuerzas políticas aporta a la libertad de los individuos, más allá del capricho de un monarca, y no me importa mucho la Izquierda, la Derecha o el baile de la "yenka". Me interesa la Justicia, la libertad, la igualdad y el Estado de Derecho.

Establecidas, pues, las diferencias circunstanciales entre el Sr. Navarro y yo, voy a explicar por qué me parece que, a pesar del enorme bagaje cultural y experiencia vital que atesora, Don Vicenç tiene una visión miope y paleta (pueblerina y etnocéntrica), de lo que es una república.

Los "republicanos españoles", muy convenientemente, siempre obvian el hecho de que la Democracia y el Estado de Derecho no se asientan en la forma de Estado (República o Monarquía), sino en quién ostenta la soberanía: El Pueblo o el Rey.

Sócrates sostenía que BIEN es igual a VERDAD, mientras que MAL es igual a IGNORANCIA; que buscamos la felicidad con la esperanza de llenar un vacío que no comprendemos bien, por lo que el ignorante intenta llenarlo con satisfacciones efímeras y pasionales que sólo se consiguen en lucha contra otros, lo que acaba propiciando que surja el MAL.

Pero la Verdad es única, y la misma para todos, sólo alcanzable con el razonamiento lógico y la comprensión de lo que nos rodea y quienes logran alcanzarla son iguales entre sí, de donde deducía que "sólo somos libres entre IGUALES", concluyendo que no puede haber una clase gobernante, pues deben gobernar todos por igual; razonamiento que subyace en el origen de la democracia griega y por extensión, de toda democracia.

De la igualdad para elegir y ser elegidos surge la soberanía del Pueblo. Mientras que en la igualdad ante la Ley se fundamenta el Estado de Derecho. Y de ambas distintas igualdades se derivan otros diferentes conceptos que no debemos confundir.

La Democracia se sustenta en la soberanía del Pueblo mientras que “República” es la gestión de lo público (Res Publica"), bajo el imperio de la Ley.

Y este es el matiz más importante pues no toda república es democrática, por el hecho de llamarse república y no tener un Rey con corona, o por el simple hecho de que impere una Ley, pues la ley imperante puede no ser justa ni democrática.

Sólo hay una diferencia con una República AL USO Y UNA Monarquía Parlamentaria: Que el Jefe de Estado sea un Presidente electo, o que llegue al cargo por herencia. En el primer caso, el Estado será llamado directamente República pero en el segundo caso, el Estado será llamado Monarquía, si el Jefe de Estado es un Rey, Principado, si se trata de un príncipe, o Imperio si la Jefatura la ocupa un emperador.

Una Monarquía parlamentaria no es una disyuntiva entre absolutismo y democracia. Muchos de los países europeos más sólida y prolongadamente democráticos son monarquías. El Reino de Noruega es el estado más democrático, liberal y social del mundo y el tercero de Europa en riqueza y a esta monarquía, se suman en Europa, Reino Unido, Bélgica, Holanda, Suecia, Dinamarca y Luxemburgo, y por supuesto, España, donde las funciones del monarca son simbólicas y el poder político recae en instituciones representativas.

Y ahora piense en algunos Estados formalmente llamados “Repúblicas”; como la República Popular China, la República Islámica de Irán, o la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Todas estas repúblicas tienen (o tenían) sus leyes que son aplicadas (ejemplo de la "sharía" islámica), pero esas leyes no nacen del ejercicio de soberanía por el Pueblo, ni el Pueblo de estas repúblicas tiene margen de expresión, ni tan siquiera de opinión sobre sus leyes y tampoco todos son iguales ante la Ley, así que dígame ahora si sigue pensando que ser república es sinónimo de ser Democracia y Estado de Derecho.

"Un montón de gente no es una república".

La afirmación anterior es de Aristóteles, porque lo importante de una República, para un Estado Democrático, es precisamente que la ley que impere haya nacido de la soberanía de los "iguales" (el Pueblo).

Y por motivos totalmente opuesto pero igualmente significativos, hay que dar una respuesta clara a aquellos que consideran que ser republicano es patrimonio de la izquierda política.

Que la lucha ideológica entre la antigua URRS comunista y el Occidente capitalista coincidiera con los años de la Dictadura de Franco y la represión de los reductos de la II República, mayoritariamente de izquierdas, ha dejado en los españoles la impronta de que ser republicano es ser de izquierdas y que ser de derechas es consustancial a ser monárquico.

La República llegó a España tanto de la mano de la Izquierda como de la Derecha burguesa catalana y vasca, entre otros. Al final de la Guerra Civil, la Derecha triunfante se ensañó con comunistas y socialistas pero rápidamente se alió con el dinero de las Burguesías catalana y vasca, siguiendo los principios del neoliberalismo. En otras palabras, la represión franquista, fue tanto política como mercantilista, y de ese conflicto, en España perdura el sesgo..., la falacia de que la Izquierda sea republicana y la Derecha se mantenga fiel a la herencia del franquismo, incluida la Monarquía. En palabras de Ortega y Gasset, "Ser de la Izquierda es, como ser de la Derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil; ambas, en efecto, son formas de la hemiplejia moral".

Y de esto último deriva que desprestigiar la Monarquía sea una estrategia recurrente para desprestigiar a la Derecha, achacando de franquistas y retrógrados a quienes prefieren esta Institución, amparándose en que el gobierno legítimo derrocado por la Dictadura era una república que debe ser restituida, pasando por alto toda consideración acerca de qué es importante y qué es sólo propaganda interesada o simple desconocimiento de politología, olvidando como por arte de magia, que la República, como institución, no garantiza nada, sino que es el Estado de Derecho y las personas que forman esa república; su formación, su compromiso con la política, su sentido de la justicia y su voluntad de luchar todos los días por ser libres, tanto de los demagogos de derechas como de los demagogos de izquierdas.

Si el conjunto de la ciudadanía no mantiene esa actitud de compromiso, formación, respeto, justicia y legalidad, entonces no es una república, sino sólo "UN MONTÓN DE GENTE".

La república se fundamenta en el “imperio de la ley”, no en el “imperio de los hombres”. Es la Democracia la que se fundamenta en el Imperio de los Hombres, en el Estado de Derecho y en unos requisitos como periodicidad en los cargos públicos, publicidad en los actos de gobierno, responsabilidad de políticos y funcionarios, separación de poderes y control recíproco, soberanía de los ciudadanos, respeto a las ideas opuestas en contraposición a la intolerancia, igualdad ante la Ley y la condición de idoneidad para acceder a cargos públicos.

Si un Estado, (Democrático y de Derecho), reúne estos requisitos, sea llamado República o Monarquía Parlamentaria, las naciones del mundo, los politólogos y la filosofía, lo reconocerán como "República", sea su Jefatura de Estado electa o hereditaria; porque el quid de la cuestión no reside en cómo se elige al Jefe de Estado, sino en quién ostenta la Soberanía.

Y para terminar, mucho más brevemente, le haré una reflexión sobre el nacionalismo (De lo que, por otra parte, podría hablar días).

Si hemos partido de aquello de que democracia es el gobierno entre iguales, todo lo que establezca diferencias es antidemocrático, y lo más grave… ¡Es antieconómico! ¿Se le ocurriría a usted poner a diecisiete administradores de fincas en un edificio de diecisiete plantas? ¡Pues eso es lo que hacemos aquí en España y todo por algo que unos cuantos etnocéntricos llaman "hecho diferencial" … ¡Tócame las gónadas con lo que quiere decir eso, porque por más que he buscado, nadie lo ha definido aún!

Dice Fernando Savater muy a menudo y con razón que los derechos los da la ciudadanía no los territorios y que si bien existe el derecho a la diferencia, no puede existir una diferencia de derechos. Y eso es lo que ocurre con los nacionalismos y los estados plurinacionales que tan vehementemente defiende el Sr. Navarro.

Yo, como "paganini", neologismo que todos ustedes saben que significa "El tonto que paga", prefiero una república con un sistema de Jefatura de Estado que se ha demostrado mucho más barato que los de todas las repúblicas presidencialistas; al igual que prefiero un modelo de Estado en el que le pague a un solo administrador, antes que tener que pagarle diecisiete; y en el que todos mis conciudadanos tengan mis mismos derechos y mis mismas obligaciones. FIN

© La Rebelión del Rebaño, (Autor Rubén MARTÍNEZ GÓMEZ) 

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